domingo, 28 de diciembre de 2014

Mientras todo y nada


En mi reloj ya no son las 11:34, y desde ese día ha pasado no sé cuánto tiempo. 

Estos últimos días transcurren con la calma del caracol, lentos, y hasta babosos, y yo sigo cayendo en la espiral, apropiándome de palabras y canciones ajenas.

Las diferentes ausencias marcan la piel, la cicatriz en mi frente sigue intacta, tú no, y duele, Duele que con el paso de las lunas el recuerdo disminuya, ¿y si termino por olvidar (los), y si con el año también se escapan sus labios. sus largos abrazos? No soy yo quien corre, no soy yo quien se aleja, aunque muchas veces quiero huir y esconderme en el caparazón de aquella tortuga que triplicaba mi edad. 


Aquí, a veces, los fantasmas siguen haciendo ruido, los suyos y los míos, y la nostalgia llega, y el quizá desespera, y sus miedos se vuelven míos y las palabras se acumulan e intento adivinar cuándo se está listo... para lo que sea, para ver llover, para sonreír, para ser, para dejar los miedos y tanta estupidez acumulada con los días.


Y me enojo con los silencios, con lo que sucede alrededor, y no entiendo nada y aparece el temor, y estoy deseando con ahínco que este año termine, para ver si con él se va el dolor, la ansiedad, y estoy deseando que se despejen las dudas, y que sean las sonrisas las que decidan los días y que los abrazos sean interminables. 


Y mientras pasa todo y pasa nada, el frío regresó a mis pies, y yo ando queriendo con querer. 

jueves, 2 de octubre de 2014

PARA NO OLVIDAR


Llueve, es 2 de octubre, el día que no se olvida, yo sé poco de todo y escribo de lo que sé, en este caso, de lo que siento. 

Hoy escribo para recordar aquel día en que la ciudad se vistió de rojo, me duele la muerte de estudiantes, de profesores, de niños, de mujeres, de policías. No viví el 68, pero vivo y siento las muertes diarias, los asesinatos, los secuestros, los golpes, el silencio, los asaltos, el miedo. Me resulta imposible no estremecerme con la indiferencia de la que, estoy consciente, yo también formo parte.
Vivimos al margen de nosotros mismos, olvidamos, nos volvemos fríos y aceptamos la violencia como algo cotidiano, olvidamos las sonrisas, los abrazos. 

Sería genial volvernos un poquito más humanos.



PARA NO OLVIDAR 

Que no se olvide el olor de la sangre, 
en las plazas, en las calles, 
que no se olviden los asesinatos aislados, 
que no se olvide el dolor y la ausencia, 
las camas vacías, la ropa sucia teñida de sombras,
que el sonido del odio no alcance las risas, 
que el recuerdo no se centre en las fechas.

La sangre no está sólo en los caídos, 
está en la memoria colectiva, 
en la mirada vacía de una madre que espera,
en el rojo de los días y el terrible miedo a sonreír.
en las manos del anciano que ha perdido su tierra, 
en los estudiantes que han sido callados,
en la incertidumbre de saberse frágil,
en el temor a pensar, a sentir, a caminar.

Me duele este país de silencios, 
de infinitos miedos.

domingo, 17 de agosto de 2014

Herminio Martínez, hombre de temporal


Una vez más, agosto se tiñe de tristeza, el dragón ganó la batalla y mi maestro Herminio Martínez regresó al viento de Machigua. 

Qué difícil es saberse efímero, saberse frágil, mortal, qué difícil es despedirse de quienes han marcado tu vida. Maestro Herminio, gracias por tanta inspiración, por las palabras, por las anécdotas, por creer en quienes asistimos al taller "Diezmo de palabras".

Gracias por hacerme saber que la literatura da vida, y es así que usted seguirá vivo en sus letras, en cada metáfora, en cada palabra, incluso en este blog que lleva por nombre uno de sus versos.

Hace unos meses hice una reseña de la poesía de este gran escritor, la dejó aquí. 



A los pies de Machigua

Herminio Martínez nació el 13 de marzo de 1949, en la Cañada de Caracheo (Cortazar, Guanajuato), a los pies de Machigua, nombre con que ha bautizado al Cerro de Culiacán. Creció con la naturaleza, entre cantos de pájaros y árboles que lanzaron al viento sus letras.
La cosecha de Herminio consiste en cuentos, poesías, novelas, en las que siempre destaca el poder de la palabra, un lenguaje lleno de metáforas e imágenes que provocan en el lector un sinfín de emociones, Herminio es un hombre de campo, en sus poemas refleja la tranquilidad que desde Machigua se respira. Su narrativa está llena de color: “Azul como las ganas de hacer prosa, que fluya, que retumbe, que llovizne”.
En Animales de amor, el hombre vuelve a su condición animal, se desliza en los campos y los senderos son el cuerpo; cada uno de los poemas que conforman este poemario posee la frescura de la naturaleza, el ritmo y el canto de las aves, la sensualidad del azar y la casualidad cósmica a la que pertenecemos.
Somos seres efímeros, así se muestra en “Testamento de cenizas”, este poema nos sacude el polvo para adentrarnos en la realidad de lo que a veces olvidamos: morimos, morimos en cada respiración. La vida transcurre con la condición del recuerdo, dónde se debe buscar después de la muerte, peticiones que se deben cumplir:

Arroja mis cenizas a un arroyo
para seguir soñando al paso de las aguas
y ser yo mismo acequia
retorciéndose al ojo de los sauces.
Pero si muero en julio,
ah, entonces sí
que me bautice el viento,
que me envuelva la muerte
en sábanas de lluvia
y me ponga su máscara de niebla.

¿Y qué nos deja la muerte después de tanta y tanta espera? Un dolor que se incrementa con los días, pero también una esperanza de reencontrarnos, de sabernos en el universo, pequeñas partículas que deambulan por los campos y permanecen en el aroma de los trigales:

Yo quiero que me grites en el pulmón del aire;
que preguntes por mí a las aguas
que van por las acequias
entre carrizales y árboles sombríos.

No morimos del todo, volvemos al origen, se parte de la tierra y a la tierra regresamos, convertidos en polen, en la luz del relámpago, en el perfume de los jazmines.
En “Presagio”, uno de los últimos poemas escritos por Herminio, se habla del dolor, desde el dolor mismo, qué decir cuando se sospecha que el aliento se agota, que las sonrisas ya no alcanzarán la piel de aquellos a quienes se ama:


PRESAGIO

Me moriré en silencio, como las hojas
en medio de verano sin ventarrones;
se morirán conmigo mis ilusiones
en el preciso instante de las congojas.
Se romperá el hilito que me sostiene
incorporado al árbol de la existencia,
y en un destello breve de trascendencia
saludaré a la muerte porque ya viene.
Eso será una tarde y en lejanía
muy distante de aquellos que me han querido,
como soy candidato para el olvido
una callada muerte será la mía.
Y no tendrán sollozos mis funerales
ni escucharé el responso de los luceros;
sólo mis tenues pasos por los senderos
y un apacible viento por los trigales.

Morir en silencio, en la tranquilidad del verano, sin más desvelo que la certeza de saberse vivo, aun cuando la lógica nos diga lo contrario, “Presagio” es una despedida, la melancolía se desprende en cada palabra, son las Moiras jugando con el hilo de la vida, mientras el hombre sólo espera.
Debo confesar que las palabras se me agolpan en la garganta, y en los dedos; que estas líneas no alcanzan a retratar a este poeta del viento, de quien tanto he aprendido. Cómo explicar que gracias a él aprendí que la lujuria puede ser azul, y agradecer el que haya llenado de metáforas mis lecturas, el retornar la vista al pasado para entender que todo el universo está en las raíces, en el aire, en aquel lugar en el que mis abuelos también vivieron y es que: “Machigua es la nariz moquienta del nopal / La trágica sonrisa del mezquite./ Enfermedad a la intemperie. / El ave que renace en sus cenizas.”

Herminio Martínez es un hombre de temporal, a quien la lluvia no detiene, ni mucho menos aquellos dragones que nos lanza la vida, a los que tenemos que combatir, y él, hombre lleno de entereza ha sabido hacerlo, a través de las letras.

Herminio Martínez.

jueves, 7 de agosto de 2014

Y ella sigue ahí, en él.

Difícil entender que el pasado tenga tanto peso sobre la memoria, que nos regrese, una y otra vez, al mismo recuerdo, el instante en que comenzamos a morir.

No puedo con los fantasmas, menos si esos fantasmas siguen tan presentes, si recorren las palmas de sus manos.

No soy buena remendando heridas.

lunes, 4 de agosto de 2014

DOÑA JULIA


¿Cómo será perderlo todo en un suspiro? ¿Qué te obligó a renunciar? 
La vida cansa, quizá sea verdad.
Han pasado cuatro años de tu muerte, y aquí pasan y dejan de pasar cosas, momentos, llantos, sonrisas. Hay caras nuevas en la familia, ésta crece y crece y, al parecer, también olvida, pero no a ti, eso es seguro. 
Te recuerdo de sonrisa coqueta y mirada inquebrantable, te recuerdo con el amor que nos enseñaste a sentir, a tu manera, a nuestra manera. 
Tu ausencia es un golpe a la memoria, un insulto a mis días en el espejo. 
Pero te cuento, estoy aprendiendo a hablar de ti sin llorar en el intento. 

Te abrazo, de aquí a donde estés, doña Julia.


DOÑA JULIA

Ella es inalcanzable
Estatua perfecta de la inmensidad.
Fragmento de estrella fugaz
que recorre insistentemente las plantas de mis pies.
El misterio se resuelve al encontrarme en su mirada,
seres marrones que seducen,
liberan, cautivan.
El ayer se pasea por sus manos,
juega, discute y se rinde.
Es ella quien me habla de las noches en las que dormí
entre susurros y cantos de grillos,
de los días en los que el tiempo se mecía en mis labios
mientras me cantaba una canción de cuna,
momentos en los que corría a refugiarme en el caparazón
de la tortuga que triplica mi edad,
sedienta de luz y anhelos de juego.
Me cuenta de la ausencia,
de los mitos en sus mejillas
y el olor a miedo de mis pupilas.
Reveló las historias
y el secreto de los dioses dejó de importarme.
Somos ella y yo
y en esta dualidad soy,
sin miedo,
reflejo de épocas distintas,
palabras inquietas, música
y poesía en tardes de revuelta.
Mujer atrapada en el viento.
Inolvidable herencia y pasión genuina.
Ella es la que nunca quiso ser.
Y desde entonces escribe,
para olvidar que quiso ser quien fue.


Agosto 2010


miércoles, 23 de julio de 2014


Como si importara que el tiempo se quede en mis manos, la huella que indudablemente dejan los años, como si importara que mis silencios se cubran de sinsentido y ruido, no soy más que ese interminable olvido, al que todos, casi todos, me envían.
No hay palabras esta noche, no hay nada más que pesimismo, ese que se queda impregnado en la piel, en los labios. Déjame, esta noche, alzar la voz y aniquilar cualquier rastro de verdad, lléname de mentiras si eso me permite ser real.



jueves, 17 de julio de 2014

Uno siempre vuelve a los viejos sitios donde amó la vida.


Hace unos días vi unos videos de Guanajuato y, lectores (si es que los hay), se me erizó la piel.
Sí, se me llenaron de recuerdos los labios y de sal las mejillas, Guanajuato fue algo así como el primer amor, y me deslumbró. 
Hace ya ocho años de aquel acontecimiento, llegar a la ciudad de cantera me llenó de emociones diferentes, la nostalgia por la casa paterna/materna (y eso que regresaba a Cortazar cada semana), el miedo de no saber a qué me enfrentaba, la alegría de reconocerse en el otro, ese otro que de alguna manera se sentía igual que tú.


Hermosa facultad de Filosofía y Letras (ahora dividida en Departamentos), cómo olvidarte, cómo olvidar el café de olla de don Migue, las pláticas en los pozos, las posadas en el patio de la facultad, el baile del torito, el agua de chía los Viernes de Dolores. Profesores que marcaron de una u otra manera a quien hoy escribe. A Valenciana le debo el inicio (ni bueno ni malo) en las Letras. Y en esto continúo, de terca. 
Cómo no recordar que temblaba de frío (ay, aquellos inviernos tan coquetos) mientra esperaba a que pasara el Vasallo de Cristo que me llevaría de nuevo a la "civilización", o podías bajar caminando entre el silencio y los nopales, bajo el sol de Valenciana. 
A Guanajuato le debo amigos entrañables que me acompañaron en la travesía, llantos, borracheras, caídas en los callejones, sonrisas por todas partes.

Conocí a personas extraordinarias que formaron, y forman, parte de mis días. Aquella casa verde me llenó de alegrías, esas personitas que vivían conmigo se convirtieron en mi familia, teníamos nuestros lunes de baile, miércoles de "jotqueis" y toda una lista interminable de historias y carcajadas.

¿A quién le escribo esto hoy? A quien quiera leerlo, ja. A aquellos que estuvieron conmigo allá y acá, a quienes me abrazaron, me aguantaron, con quienes compartí sonrisas, alcoholes, bailes, instantes que no puedo enumerar porque nunca terminaría. 
No puedo decir que Guanajuato me echó de sus calles, sólo que emprendí el vuelo a otro lugar, en el que también he aprendido y al que también quiero volver. 
Mientras tanto, a cursilear. :) 
















lunes, 23 de junio de 2014

ESTÍO


A esta ciudad le tiemblan las entrañas, 
y no estarás para ver cómo nos hundimos,
cómo, de entre los escombros, surgirá el miedo,
pues estamos hechos de ira, de dolor. 

Ya se camina entre fantasmas, muecas de hambre,
niños que no comprenden tanta ausencia,
no conocen el sonido de la risa,
el rojo de las calles lo inunda todo,
lo destruye todo.

Cuando regreses no encontrarás la casa de tus padres,
tus hijos habrán destrozado cada uno de los muros
y no verás de nuevo la sonrisa de los tuyos,
para entonces, se habrán desgarrado los recuerdos,
se encargarán de fragmentarse, de volverse nada.

Lo olvidaba, no regresarás,
te convertiste en polvo
y lanzaste al aire tu espíritu libre.


Berenice Patiño Roa. Junio de 2014

sábado, 21 de junio de 2014

miércoles, 18 de junio de 2014

No son los mismos días, aunque lo parezcan.


Dice mi calendario que se me han escapado los días y ya es junio. Y no es el junio de su cumpleaños, ni el junio del no cumpleaños de ella, porque debió ser ella, porque alguna vez, en otro día que no es ahora, la soñé.
Tampoco el junio de 2012, en donde mis días tomaron un camino diferente al del fantasma de tantos años, aquel fantasma que anduve arrastrando a través de los espejos, no es ese junio en el que me liberé del peso de la ausencia, para estamparme con un rostro lleno de otoños, del que aprendí tanto y me ayudó a construir otra historia. 
No es aquel junio de enfermedades, llantos, decepción. No son los mismos días, aunque un día se parece a otro, y a otro, y a otro y parece que volvemos siempre al inicio, a los mismos miedos, a la mierda de todos los días, el mismo infierno en las calles, la misma, y tan recurrente, soledad en las sábanas; sin embargo, no son los mismos días, en estos ya hay una que otra sonrisa. 
Este es el junio de Mundial, algunos verán el fucho y otros tantos se quejarán. También veré el fucho, porque me gusta; y también seguiré pensando que con, o sin, mundial, nos ensartarán con las reformas. Supongo que cada uno vive la realidad que quiere; unos en la negación, en el "aquí no pasa nada" y otros, en el por qué  las personas no hacen nada para intentar un cambio, qué se yo.
Creo que yo he estado en ambos lados, aunque se dude, ja.
Hace unos días me preguntaba cómo es que nos acostumbramos a pertenecer estáticos, a aceptar que nos jodan, a veces creo que nos gusta, quién sabe.

Y mientras veo cómo los días siguen pasando por mis dedos, por mis labios, por mi cabello; mientras espero que esos largos brazos aparezcan pronto, porque se les extraña, mientras todo y mientras nada, sonrío, y le (te) escribo:



Mejor tus labios que los días de alcantarilla
y disparos de ausencia;
los atardeceres con nube de coral
sobre el rojo constante de las calles vacías.
Mejor tu silencio que las ráfagas de odio 
que envuelven los abrazos.

jueves, 8 de mayo de 2014

Atardeceres


Yo también tengo atardeceres y nubes de coral.
Déjenme sentir el viento en la cara 
y llenar la ausencia de misterios y azar. 



martes, 15 de abril de 2014

De cómo las Hojas llegaron a Puebla, y las palabras que les debo.

Viernes 11 de abril. A todos se nos hizo un poquito tarde; unos en autobús, otros en automóvil, alguien se cansó porque llevaba tacones (a quién se le ocurre), los del auto se perdieron un poco, pero al final, en una curiosa caja de chelas Victoria, llegaron las revistas. 
Me dijeron que me tocaba hablar, pero como ya todos saben, eso no es lo mío, así que dejé que Abraham irradiara toda la energía y emocionara a la banda que estaba en la sala; después, yo me dediqué a tartamudear, pero bueno, aquí es donde entra mi choro, aquello que no pude decir: 
Creo en las Hojas, he visto cómo han ido evolucionando, cómo comienzan a tomar forma, cómo mis compañeros, y amigos, ponen energía y pasión en ella, tenemos nuestros momentos de pereza (que pueden parecer muchos); sin embargo, seguimos en el intento, ¿qué buscamos? No estoy segura, al menos, yo estoy buscando encontrarme, o perderme, en cada uno de los textos que han formado parte de estas hojas volanderas, en las ilustraciones, en las imágenes; incluso en los errores que, seguro, se nos escapan en cada número. Pero eso es también la parte divertida, las Hojas van creciendo y nosotros también, tenemos la capacidad de re inventarnos, de experimentar, de jugar, de sentir.
Y pues ya, no los enredo más (ni les cuento de las chelas, las pasitas, la comida y demás :p ). 

Gracias a quienes estuvieron con nosotros, de cerquita y de lejos.


domingo, 6 de abril de 2014

OJALÁ QUE EL RECUERDO TE BASTE

A la memoria de lo que alguna vez fuimos, o lo que yo construí en mi imaginación.

OJALÁ QUE EL RECUERDO TE BASTE

Ojalá que el recuerdo te baste
cuando los brazos se alejen,
cuando la tuberculosis te reduzca a cenizas
y la obscuridad arrebate tu voz.
Ojalá que la cobardía no los mate
y que el mezquite conserve su olor.

¿Qué pasará cuando renuncies a tu sangre?
Cuando arranques las ramas de ese árbol que los une.
Cuando los hijos que no tuviste
te confinen al olvido
y te cubran de ausencia.

No cabe duda de que la casa se cae a pedazos
y los cuartos guardan el rencor de los días.

¿Qué pasará en el momento en el que olvides
las raíces que te unieron a la tierra?

Berenice Patiño Roa.
Abril 2014



lunes, 31 de marzo de 2014

Es verdad que se escribe del recuerdo


Que no se me escape marzo sin que yo escriba algo, lo que sea, qué más da, nadie lo leerá. xD

Sigo con las preguntas en la lengua, porque sigo con el temor de que las respuestas no sean lo que yo quiero escuchar, al parecer no han cambiado muchas cosas en muchos años. ¿Será que algún día pueda gritar sin temor? 
¿Será que algún día la libertad nos sea concedida? Pero, si eso sucede, qué haremos con ella.
¿A dónde nos conduce la libertad? ¿De qué nos sentimos prisioneros? Yo, yo de este terrible mutismo, le temo al silencio y estúpidamente es lo único que puedo ofrecer.
Mis días han cambiado y toman, de repente, un rumbo extraño, no sé cómo sentirme, no sé qué sentir. No sé si él se acerca o se aleja, no sé si lo intenta, si quiere intentarlo, y entre sus dudas y las mías, sólo sonreímos, esperamos... esperamos que el viento fluya, hay que dejarse llevar, dicen por ahí y por allá.
Creo que los dos extrañamos parte de nuestro pasado, pero... ¿cuánto tiempo más seguiremos así?, en ese caso, ¿tiene algún sentido seguir mintiéndonos?
No tengo idea de qué quiero escribir. 
Sólo sé que marzo fue su mes, y yo sonreí mucho. 

Y por otro lado... yo tenía unas letras pendientes, quizá un adiós:


Yo buscaba en los besos la mentira,
y en la piel las grietas de tu otoño,
descubrir que la memoria se reduce a un instante,
mientras los cuerpos, impacientes, buscan impacto.

Es verdad que se escribe del recuerdo,
del anhelo.


Por último, sólo puedo escribir que quiero intentarlo, 
no quedarme con las ganas de nada.

jueves, 6 de febrero de 2014

Empezar por el principio

Empezar por el principio es el primer libro del año que me han regalado, creo, y últimamente TODO se reduce a ese título, comenzar de cero, comenzar de la nada, reconstruir o construir, depende de cómo lo veamos; empezar de nuevo, dije yo. 
Dejé al fantasma de años, pero me he creado otros, y estos tienen sus fantasmas, así que todo sigue siendo un vil círculo vicioso entre el pasado y un presente cada vez más confuso y extraño. Quiero aprender a confiar, a gritar, a caminar, paso a paso. Aprender a querer (lo), a sentir, a entender la vida de una manera diferente, y puede resultar complicado si no estoy ni cerca de saber lo que quiero, de cómo quiero ir construyendo mis sueños, mis anhelos. 
Aunque esta vez existe (espero, deseo, creo) un poco de esperanza...

domingo, 2 de febrero de 2014

Pa' levantar el vuelo, una vez más.

Al parecer vuelvo a este blog cada año, o cada que las emociones o sentimientos comienzan a desbordarse y yo no puedo con mi desesperada humanidad.
He aquí que estoy de regreso, pensando en lo que ha ocurrido desde la última vez que escribí, en 4 días será un año, poco o mucho las palabras están dando vuelta en la cabeza, se amontonan, giran, callan, susurran, se inquietan y mueren. 
A la mala aprendí que debo dejar de hurgar en los recuerdos, tanto los propios como los ajenos, porque te puedes llevar sorpresas y entender eso de que la curiosidad mató al gato, aunque en mi caso sólo mató las posibles sonrisas, despertó las dudas y dejó una terrible incertidumbre.
También puedo decir que dejé al fantasma que arrastré durante ocho años, se me perdió en el camino, tomamos caminos diferentes y sin darme cuenta avanzamos sin que nuestros pasos lograran coincidir una vez más. 
Creo que desde siempre he estado en lucha contra las palabras, desde que recuerdo les huyo, me las trago, las aborrezco y las amo, creí que me bastaría con leerlas, no esperaba que poco a poco se anidaran, y de qué manera, y sin permiso, en los poros de una piel cada vez más desgastada. No había entendido hasta qué punto el silencio se convierte en enemigo, en qué momento los gritos ya no son suficientes porque no hay quién los escuche, o quién los ignore. Dejaré, entonces, estas palabras para otros labios que no sean los míos, para otra voz que les dé sentido.